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EL PRECIO DEL HIELO

EL PRECIO DEL HIELO

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / CEO / Amor tras matrimonio / Romance oscuro
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

El contrato de matrimonio no era solo papel: era una sentencia. A los 26 años, Valeria Varela se convirtió en la esposa de Dante Moretti, el hombre más poderoso, frío y temido de la ciudad —dueño de imperios empresariales y redes que nadie se atreve a nombrar. Ella lo amó desde antes de decir “sí”, creyendo que su amor sería suficiente para derretir su hielo. Pero tres años después, vive invisible: olvidada en sus cumpleaños, humillada en cenas de negocios, siempre relegada a un segundo plano frente a la mujer que él nunca dejó de querer: su exnovia, y ahora asistente personal, Isabella.
Valeria finge sumisión, baja la cabeza y sonríe cuando la insultan, pero detrás de esa máscara hay una inteligencia afilada y un dolor que se convierte en veneno. Cuando descubre que todo su matrimonio fue un acuerdo para saldar una deuda familiar, y que Isabella ha manipulado cada error, cada malentendido, cada lágrima suya, algo se rompe —y algo nuevo nace.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 13

(Narrado por Isabella Rossi)

Me miré al espejo del tocador, y lo que vi me hizo querer romperlo en mil pedazos. Ahí estaba yo: Isabella Rossi, hermosa, inteligente, poderosa, la mujer que tuvo a Dante Moretti rendido a sus pies durante tres años... y ahora reducida a nada. Una mujer furiosa, consumida por el odio, por los celos que me queman las entrañas como fuego vivo, y por una envidia que me sabe a hiel en la boca.Mis dedos apretaron el borde del mueble de caoba hasta que los nudillos se pusieron blancos. Mis ojos oscuros brillaban con esa rabia fría que siempre ha sido mi marca, la misma que usé para manipularlo, para convencerlo, para quitarle todo lo que tenía... todo menos a ella.

Valeria. Solo pensar su nombre me hace hervir la sangre. Esa mujer insignificante, esa niña tonta, sumisa, callada, que durante años no fue más que un mueble en esa mansión, que no sabía nada, que no tenía nada... y ahora lo tiene todo. Dinero, poder, respeto... y lo que es peor: lo tiene a él.

Dante. Mi Dante. El hombre que yo construí, que yo moldeé a mi gusto, que me juró mil veces que ella no era nada, que solo era un trato, un contrato estúpido que tenía que cumplir por su padre. El hombre que me besaba, que me tocaba, que me decía "tú eres la única, Isabella, solo tú me entiendes"... ahora se arrastra a los pies de ella. A sus pies. Y lo peor... lo peor es que yo todavía lo deseo. Lo deseo con una fuerza que me duele en el cuerpo, en la piel, en cada respiración. Lo deseo como nunca deseé a nadie, y saber que ahora sus manos, sus labios, todo ese cuerpo fuerte y caliente que yo conocía tan bien... ahora es para ella... me vuelve loca.Y entonces vino el recuerdo, nítido, dulce, y lleno de veneno...

Hace dos años. Una noche igual a esta, oscura, llena de promesas. Él había venido a mi apartamento, escapando de la mansión, escapando de ella. Llegó furioso, frustrado, diciéndome que no la aguantaba más, que verla ahí, siempre callada, siempre mirándolo con esos ojos de perro abandonado, le daba asco.—Es tan débil, Isabella —me decía, mientras me abrazaba con fuerza, mientras me besaba el cuello, bajaba sus manos por mi cintura, me apretaba contra su cuerpo—. Tan aburrida. No sabe nada, no hace nada. Tú eres la única que me hace sentir vivo. Tú eres la única mujer de verdad.Me llevó hasta la cama, me desvistió con esa urgencia que siempre tenía conmigo, con esa pasión que yo creía que solo yo provocaba en él. Recuerdo cada detalle: cómo sus manos recorrían mi piel, cómo me hacía gemir, cómo me miraba con esos ojos oscuros llenos de deseo puro, sin amor, sin nada más que necesidad... y yo me sentía la reina del mundo. Porque yo sabía que ella estaba allá, sola, esperándolo, amándolo, sufriendo... y yo tenía todo lo que ella quería. Yo tenía su cuerpo, su atención, sus palabras, su confianza. Yo era la dueña, y ella solo la sombra.

Esa noche, después, mientras estaba recostada sobre su pecho, escuchando su corazón latir, le dije bajito, segura de mí misma:—¿Y si ella se va, Dante? ¿Y si un día se cansa y te deja solo?Y él se rió, me besó la frente y me respondió, como si fuera lo más obvio del mundo:—Ella nunca se irá. Ella me ama demasiado. Se quedará ahí, esperando, hasta que yo decida qué hacer con ella. Y tú... tú te quedas aquí, conmigo, donde perteneces.-

¡Qué estúpida fui! ¡Qué ciega estuve! Porque nunca imaginé que esa mujer, esa mujer que yo creía rota, vencida, sin fuerza... un día se levantaría, se haría fuerte, tomaría todo lo que era suyo, y me arrancaría de su lado como si yo fuera un trapo sucio.Volví al presente, y el odio me llenó la garganta, amargo y ardiente.

Me levanté de golpe, caminé hasta la ventana y miré hacia abajo, hacia la gran mansión Moretti, allá en la colina, brillando con luces cálidas, como si celebraran algo. Allí están ahora. Él y ella. Juntos. En esa habitación que yo tantas veces visité a escondidas, en esa cama donde tantas veces estuve yo. Y me los imagino: él mirándola con adoración, como un perro fiel; ella haciéndose la difícil, jugando con él, disfrutando de su poder, tal como yo hacía antes. Y me los imagino desnudos, juntos, sus cuerpos entrelazados, él dándole todo lo que a mí me dio, pero ahora... con amor. Con sentimientos. Con esa entrega que yo nunca logré tener, porque él nunca me amó. Solo me usó, igual que yo lo usé a él.Y los celos... ¡Dios, los celos! Me queman por dentro. No solo es que lo haya perdido, es que ella lo ganó. Ella, que no tenía nada, ahora tiene lo que yo más deseé: su corazón. Y yo... yo solo me quedé con sus sobras, con sus mentiras, con este odio que me está consumiendo viva.Otro recuerdo, más reciente, más doloroso...

Hace apenas unas semanas. Yo llegué a la mansión, segura de mí misma, creyendo que todavía tenía poder sobre él. Lo vi llegar con ella. Ella iba delante, erguida, hermosa, vestida con elegancia, con esa seguridad que antes no tenía. Él iba detrás, mirándola como si fuera una diosa, pendiente de cada paso, de cada gesto. Y cuando me vio a mí... no hubo ni un rastro de lo que hubo antes. Ni deseo, ni cariño, ni complicidad. Solo asco. Solo rabia. Solo desprecio.—Aléjate de nosotras, Isabella —me dijo, frío, cortante—. Ya no eres nada aquí. Todo lo que tuviste, todo lo que creías tuyo... ahora es de ella. Y si te acercas otra vez, te destruyo. Te hundo hasta el fondo, y nadie te volverá a mirar.Y ella... ella solo me miró, serena, tranquila, con esa media sonrisa que me dijo todo: "Gané. Y tú perdiste. Para siempre".Esa noche, al llegar aquí, lloré. Lloré de rabia, de frustración, de celos. Y luego... dejé de llorar. Porque yo no soy de las que se rinden. Yo no soy de las que se van con la cabeza baja. Si ellos creen que ya ganaron, que todo está hecho, que yo desaparecí... están muy equivocados.

Me aparté de la ventana, y una sonrisa fría, calculadora y peligrosa curvó mis labios. Sí, mañana es la rueda de prensa. Mañana Dante va a hablar. Mañana va a decir mentiras, va a limpiar su nombre y el de ella, va a decir que yo fui la mala, la manipuladora, la que se aprovechó de él... y el mundo entero le creerá. Pero... yo tengo armas también.Yo sé cosas. Cosas que él no sabe que yo sé. Cosas de su pasado, de sus negocios, de errores que cometió y que él cree que nadie conoce. Y sé cosas de ella también. Sé que no es tan santa como parece. Sé que hubo momentos, noches, dudas, debilidades... que ella cree que nadie recuerda, pero yo sí. Yo lo recuerdo todo.Y además... todavía lo deseo. Y sé que él también me desea. Porque el deseo no se borra de un día para otro. Porque entre nosotros hubo fuego, mucha pasión, muchas noches de placer que él no puede haber olvidado tan fácilmente. Lo vi en sus ojos, cuando me miró hace unos días. Por debajo de toda esa rabia, de todo ese odio... vi deseo. Vi que todavía me quería. Y voy a usar eso. Voy a usar su deseo, sus debilidades, su orgullo... y voy a usar los celos, tal como ellos lo usan ahora.

Me senté de nuevo frente al espejo, me arreglé el cabello, me puse el lápiz labial rojo, ese que siempre lo volvía loco. Me vestí con una bata de seda negra, fina, ajustada, que marcaba cada curva de mi cuerpo, que dejaba ver mis hombros, mi escote, mis piernas... todo lo que él adoraba. Y me miré con satisfacción. Sigo siendo hermosa. Sigo siendo peligrosa.—Creen que ganaron —murmuré en voz alta, disfrutando de mis propias palabras—. Creen que porque ella tiene el dinero, el apellido y su atención, ya es la dueña de todo. Pero se equivocan. Porque yo conozco a Dante mejor que nadie. Sé que le gustan los retos, sé que le gusta lo prohibido, sé que se aburre de lo que tiene fácil. Y ella... ella se lo está dando todo servido. Lo tiene arrodillado, lo tiene adorándola... y eso, tarde o temprano, lo cansará.Yo voy a ser la tentación. Voy a ser el recuerdo que no puede borrar. Voy a aparecer cuando menos lo esperen, voy a sembrar dudas, voy a provocar celos, voy a recordarle todo lo que tuvimos, todo lo que éramos... y voy a hacer que él dude de ella, que dude de todo. Y si tengo que usar cualquier cosa, cualquier secreto, cualquier mentira... lo haré. Porque yo no pierdo. Nunca.Me levanté, tomé mi bolso, y caminé hacia la puerta. Mañana estaré ahí. Mañana estaré presente en esa rueda de prensa. No me esconderé. Iré vestida de blanco, impecable, tranquila, como si nada hubiera pasado. Me pararé frente a ellos, frente a todo el mundo, y les sonreiré. Y en esa sonrisa... habrá amenaza. Habrá promesa. Habrá todo lo que se viene.Y mientras bajaba las escaleras, con paso firme, con la cabeza alta, sentí cómo el deseo crecía otra vez en mí, mezclado con la rabia, con la venganza. Me imaginé a Dante, confundido, dividido entre su amor por ella y el fuego que todavía siente por mí. Me imaginé a Valeria, insegura, celosa, temiendo que él vuelva a mí. Y me imaginé ganando. Volviendo a tenerlo entre mis brazos, volviendo a ser yo la que manda, la que decide, la que lo hace gemir y suplicar como antes.—Disfruten su victoria ahora —susurré al aire, mirando hacia la mansión iluminada una última vez—. Porque esto apenas empieza. Y les aseguro... que Isabella Rossi no se va sin antes haberles hecho pagar cada segundo de dolor que me han causado. Y al final... Dante será mío otra vez. Y ella... ella volverá a ser lo que siempre fue: nada.

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Laura Panama
así me gusta que se defienda no que se umille
Maria natalia Jauregui ramirez
Si
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