Cuento de «La farola dormilona»
Las farolas, como buenas farolas, trabajaban por la noche y dormían por el día. Cerraban sus ojos cuando llegaba el sol, y dormían durante horas. Más tarde, cuando comenzaba a oscurecer, los ojos de l
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Cuento a la Vista: La rana que fue a buscar la lluvia
Cansada de que llevara meses sin llover, la rana Ritita cogió su maleta a rayas, esa que le habían regalado una primavera y que no había utilizado jamás, y se marchó en busca de la lluvia. El resto d
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Aladino y la lámpara maravillosa
Aladino era un joven pobre y algo holgazán: prefería pasar sus días divirtiéndose con amigos y tomando el sol, en lugar de buscarse un trabajo para ayudar a su madre que había quedado viuda hace tiemp
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Un cuento de princesas
Érase una vez una princesa de cabello alborotado y mejillas sonrosadas que vivía en un castillo, en un reino, muy muy lejos de aquí. Su padre era un gran rey tan poderoso que por poseer, poseía hasta
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El reloj dorado
En la estación de trenes nunca faltaba a su cita el señor Rafael. ¿A quién esperaría horas y horas mirando su enorme reloj dorado? Los niños del barrio siempre se reían del señor Rafael: ¡era tan ext
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El señor Rufino y la noche
El señor Rufino era el anciano de gesto amable y bigotes blancos, vestido siempre de verde, que vivía en el piso de en frente. Decía papá que había trabajado toda la vida de sereno, pero nosotros no s
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Cuento de «El ajetreado día de Claudio Tomares»
La enorme panza del payaso Claudio Tomares subía y bajaba al son de su pesada respiración (por llamar de alguna manera a sus fuertes ronquidos) cuando el despertador en forma de sol sonó estrepitosame
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Manos
Montones de veces —y a mi pedido— mi inolvidable tío Tomás me contó esta historia «de miedo» cuando yo era chica y lo acompañaba a pescar ciertas noches de verano. Me aseguraba que había sucedido en u
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Ello
Algo late, algo crece en el altillo. Se sospecha verde, se teme con ojos. Se presume fuerte, blando, traslúcido, maligno. No debemos, no queremos, no podemos verlo. Para hablar de ello solamente usamo
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Esa cosa al final de la escalera
Tenía que hacer trasbordo de trenes. Al bajarse en Chicago, vino a descubrir que tenía cuatro horas de espera. Pensó en visitar el museo; los Renoir y los Monet, siempre habían deleitado sus ojos y co
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La bolsa de arpillera
-Papi, ¡el hombre de la bodsa está allá dento! Emilce, agitada, señaló con su dedito de tres años la puerta abierta de su cuarto. Se quedó quieta en la entrada del living, con su piyama de animales pá
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En la cripta
Nada más absurdo, a mi juicio, que esa tópica asociación entre lo hogareño y lo saludable que parece impregnar la sicología de la multitud. Mencione usted un bucólico paraje yanqui, un grueso y chapuc
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Espantos de agosto
Llegamos a Arezzo un poco antes del medio día, y perdimos más de dos horas buscando el castillo renacentista que el escritor venezolano Miguel Otero Silva había comprado en aquel recodo idílico de la
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El escuerzo
Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa donde habitaba la familia, di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo mis pedr
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Las vísperas de Fausto
Esa noche de junio de l540, en la cámara de la torre, el doctor Fausto recorría los anaqueles de su numerosa biblioteca. Se detenía aquí y allá; tomaba un volumen, lo hojeaba nerviosamente, volvía a d
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Cuento de horror
La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses), resolvió matar a su marido, no por nada, sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo
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La condenada
Hace mucho años, andaban de boca en boca, entre la gentuza de mi pueblo, relatos extraordinarios acerca de una luz ambulante que vagaba por avenidas y caminos urbanos. CondenadaPrecisamente, en las no
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La muerta
La había amado locamente! ¿Por qué se ama? ¿Por qué se ama? Qué extraño es no ver en el mundo más que un solo ser, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un solo nombre
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El guante de encaje
Cierta vez, un paisano de La Aguada viajaba con su hijo en carro por el camino viejo que une al poblado que llaman Capilla de Garzón con Pampayasta. Cuando iban pasando por el campo de los Zárate, en
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Flores
Yo era profesor de Castellano en la Escuela Normal, mi nombre es Mateo y a mediados del ochenta, en el segundo año A del bachillerato, tomé una prueba escrita de análisis sintáctico. Al devolver las h
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